Verse a uno mismo desde fuera. Observar sus propios actos
Desarrollando la conciencia de sí mismo
Tarea 1: Observarse a sí mismo - Observarse desde fuera
Ejercicio
- Observa tu propio movimiento en situaciones cotidianas, por ejemplo:
- el movimiento de la mano (visible)
- el movimiento de la cabeza (perceptible)
- tu forma de reír (asumible)
- Intenta formarte una idea clara de tus movimientos y gestos.
- Conoce cómo te mueves. Toma conciencia visual.
Consejos
- Intenta hacer el ejercicio con algo que repites varias veces al día, por ejemplo, comer, beber, vestirse, etc.
- Obsérvate a ti mismo haciendo algo a diferentes velocidades. Por ejemplo, el proceso completo de ponerse los zapatos. Hazlo primero a velocidad normal, luego la siguiente vez lentamente y después rápidamente. Experimenta de forma lúdica.
- Elige actividades o gestos para observarte que involucren diferentes partes de tu cuerpo. Por ejemplo, vestirte versus usar una llave para abrir una puerta.
- Puedes ser más consciente de tu forma particular de moverte si comparas tus movimientos con los de los demás; por ejemplo, cuando comas con otros, observa brevemente cómo utilizan los cubiertos y luego obsérvate a ti mismo.
- Una vez que te hayas observado a ti mismo moviéndote o haciendo algo, intenta repasarlo en tu mente y crea una imagen vívida en movimiento de ti llevando a cabo la acción. Esto te ayudará a intensificar aún más tu capacidad de autoobservación.
- Ten cuidado de no exagerar el ejercicio y de no volverte auto-centrado y de que mirarte a ti mismo desde afuera se convierta en un hábito inconsciente.
Tarea 2: Observa tus actos - Mira atentamente lo que has hecho
Ejercicio
- Después de haber realizado una acción o una tarea, tómate un tiempo para observar lo que has hecho. Al reflexionar sobre ello, puede que te motive a cambiar tu forma de hacer las cosas.
- No se trata de volver a hacerlo, sino de mirarlo y percibir lo que ha resultado de él. Ten la mente abierta para obtener una impresión de cómo haces las cosas. Toma como ejercicio una acción muy sencilla y pequeña.
- Por ejemplo, después de haber escrito algo, deja que tu mirada se pasee por tu letra y observa lo que has escrito. ¿Qué te parece, qué cambiarías? Si haces esto, tu letra se corregirá sola con el tiempo y con poco esfuerzo.
Consejos
- Al principio no se trata de cambiar lo que se hace o cómo se hace, sino de observar con atención lo que se ha hecho.
- El ejercicio consiste en lo que se consigue con la acción. Por ejemplo, al lavar los platos, no te mires a ti mismo, a tus manos, sino a las cosas, por ejemplo, cómo gira el cepillo en el sentido de las agujas del reloj, si lo hace despacio o con prisas, etc. Y luego cómo se apilan los platos y cómo brillan.
- Disfruta de los descubrimientos que harás, por muy sutiles que sean, e intenta expresarlos con tus propias palabras.
Resultado de los ejercicios de observación
- Observar conscientemente los propios actos, como si fuera desde fuera, puede reducir la inquietud. Tomas parte en lo que haces.
- Cuando cultivas una conciencia de tus gestos y acciones involuntarias, y te enseñas a ti mismo nuevos hábitos, mejoras la presencia de tu alma en tu cuerpo. Así, resulta más fácil, si es necesario, abstenerse de ciertas acciones o movimientos a partir de tu propia voluntad.
- Aparte de que puede corregir hábitos indeseables, este ejercicio también tiende a consolidar el cuerpo etérico y tus fuerzas vitales.



























