Indicaciones de Rudolf Steiner
Extracto de la introducción (párrafo 2)
Consideremos ahora el nerviosismo. Hoy en día es bien sabido que hay muchas personas que se quejan del nerviosismo y de todo lo que ello implica, y no nos sorprende cuando se afirma que no hay nadie que no esté afligido. Teniendo en cuenta las condiciones sociales del presente, a las que se puede atribuir todo este nerviosismo, tal afirmación puede ser fácilmente comprendida.
El nerviosismo se manifiesta de diversas maneras, la más obvia quizás sea cuando una persona se convierte en una horca emocional, es decir, alguien que salta constantemente de un pensamiento a otro y es incapaz de retener un solo pensamiento en su cabeza, y mucho menos de llevarlo a una conclusión. Este constante correteo en la vida interior es la forma más común de nerviosismo.
Extracto de la parte principal (párrafo 25):
El control del ego sobre el cuerpo astral se refuerza también cuando presenciamos desde el alma todo lo que crea una barrera entre nosotros y el mundo circundante. El antropósofo, sin embargo, no debería sentir que ha de reprimir las críticas justificadas si son objetivas. Por el contrario, representaría una debilidad defender lo malo en lugar de lo bueno, y no es necesario hacerlo. Pero debemos ser capaces de distinguir algo que debe ser criticado objetivamente de algo que nos resulta exasperante simplemente por su efecto sobre nosotros mismos. Cuanto más nos independicemos de lo que nos enfrenta, mejor. Así, es bueno practicar la abnegación al no considerar malas en nuestros semejantes, las cosas que consideramos malas sólo porque son malas para nosotros. En otras palabras, no debemos aplicar nuestro juicio sólo donde nosotros mismos no estamos involucrados. Esto es realmente difícil de aplicar en la vida. Cuando un hombre te ha mentido, por ejemplo, no es fácil refrenar tu antipatía, pero habiéndolo pillado en ello no debes sacar inmediatamente conclusiones. Hay otra manera. Podemos observar día a día cómo la persona actúa y habla y dejar que esto, en lugar de lo que nos ha hecho, forme la base de nuestro juicio. Entonces estás tomando en consideración lo que hay en el hombre mismo y no estás basando tu juicio en el efecto que su conducta ha hecho en ti. Tu relación personal con él debe ser ignorada para que puedas verlo con total objetividad.
Es aconsejable para el fortalecimiento del ego reflexionar sobre el hecho de que en todos los casos podríamos abstenernos de una parte considerable de los juicios que pronunciamos. Sería más que suficiente si sólo una décima parte de ellos se experimentara en nuestras almas. Nuestra vida no se empobrecería en absoluto.



























